Peregrinación a Luján: Jorge García Cuerva advirtió que el país acumula “abrazos pendientes” y llamó a erradicar la violencia y la descalificación
Ante más de dos millones de fieles que llegaron a la Basílica de Luján en la 52.ª edición del tradicional recorrido, el arzobispo de Buenos Aires encabezó la misa central. Reclamó curar las heridas de la intolerancia y pidió construir una sociedad sin grietas ideológicas.

Un espacio sin grietas y el reclamo por los vínculos
La masiva convocatoria: Pese a las tormentas y las bajas temperaturas registradas durante el fin de semana, más de dos millones de personas participaron de la caminata de 60 kilómetros que partió el sábado desde la Iglesia de San Cayetano de Liniers bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”. Abrazos pendientes: Durante la misa central celebrada en la Plaza Belgrano, monseñor Jorge García Cuerva afirmó que “nuestra patria tiene muchos abrazos pendientes”, señalando que es tiempo de anteponer la solidaridad a la indiferencia y el perdón a la descalificación.
Curar las heridas sociales: El arzobispo comparó el cuidado de los vínculos con las ampollas de los peregrinos: “Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal supuran, y parece que se está infectando el corazón del pueblo”. En esa línea, remarcó que si la Virgen abraza a todos por igual, es imposible mirar al prójimo con desprecio.
Referencias espirituales y próximos pasos
Mensaje de fraternidad: La homilía recuperó palabras del papa León XIV sobre el amor de una madre e invocó la figura de San Francisco de Asís —en el marco de los 800 años de su tránsito— como el “santo de la concordia”, pidiendo dejar atrás el odio y la indiferencia hacia quienes piensan distinto, los abuelos, los enfermos, los desempleados y los jóvenes afectados por las adicciones.
Organización y cierre: El operativo de seguridad e infraestructura contó con unos 60 puestos sanitarios coordinados entre distintas jurisdicciones. Las celebraciones litúrgicas continuarán durante toda la jornada en el interior del santuario, mientras el país se prepara de cara a una futura visita del papa León XIV. La ceremonia central concluyó con un llamado directo a los fieles: “Démosnos un abrazo de paz, los unos a los otros”.
