Alberto Salcedo Ramos, cronista y escritor colombiano que es uno de los jurados del True Story Award. – (Federico Rios Escobar para The New York Times)
Alberto Salcedo Ramos, cronista y escritor colombiano que es uno de los jurados del True Story Award. – (Federico Rios Escobar para The New York Times)

Lo peor del “premio Nobel de Literatura alternativo” que se concedió en el mes de octubre del año pasado no es que su impulsora, la comunicadora de T.V. Alexandra Pascalidou, haya sido acusada en múltiples ocasiones de plagio y de firmar libros que no ha escrito; ni que la selección la hiciesen únicamente lectores suecos; ni que en la lista de los cuarenta y siete aspirantes no hubiese ningún autor en español; ni que el sitio web de la Nueva Academia ya no esté en funcionamiento.

No: lo peor es que la ganadora, la antillana Maryse Condé, no supone una genuina opción alternativa. La autora de La Migration des cœurs —una reescritura de Cimas tormentosas ambientada en la isla de Guadalupe— escribe en francés, se formó en la Sorbona, está casada con su traductor al inglés y ha sido maestra en múltiples universidades estadounidenses. Una trayectoria muy similar a la de Derek Walcott (Premio Nobel de Literatura en mil novecientos noventa y dos por Omeros, una reescritura de la Aventura en clave caribeña), o bien V. S. Naipaul (natural de Trinidad y Tobago y formado en Inglaterra, lo ganó en dos mil uno), o bien Gao Xingjian (nobel literario del año dos mil, que ha pasado la mayoría de su vida adulta en Francia).

Mientras que estos y otros ganadores del máximo premio literario del planeta recibieron cerca de diez millones de coronas suecas (más de un millón de dólares americanos), Condé fue premiada con un millón de coronas (una décima parte). Mas —pese a todos esos hechos— el Premio de Literatura de la Nya Akademien ha tenido una enorme influencia en los medios de todo el planeta y ha supuesto la publicación de la autora de Guadalupe en numerosos países donde era ignota. El sello de España Impedimenta, tras el breve libro autobiográfico Corazón que ríe, corazón que llora, va a ser el encargado de la edición de su obra en nuestra lengua.

El improvisado reconocimiento ha llenado —en la inercia del periodismo cultural y de la industria de la edición— el vacío dejado por el Premio Nobel de Literatura, que quedó congelado el año pasado tras un doble escándalo de filtraciones y de abusos sexuales. El True Story Award de la gaceta suiza Reportagen, en cambio, no ha recibido la atención que indudablemente merece. Se trata de un proyecto sumamente ambicioso, mas que no se favorece del eco de una marca ya creada, sino inventa sus reglas de juego.

El primer premio global de periodismo fue citado a fines del año pasado con la voluntad de advertir las voces más esenciales de la crónica en los idiomas más influyentes del planeta: alemán, árabe, de España, chino, francés, hindi, inglés, italiano, nipón, persa, portugués, ruso y urdu. En todas y cada una de esas lenguas, un jurado de prestigio escogerá 3 textos.

El del idioma de España está compuesto por Julio Villanueva Chang, Rosa María Calaf y Alberto Salcedo Ramos. Implicando en los procesos de lectura y prescripción a profesionales de treinta países, el True Story Award persigue una visión de la excelencia y del periodismo que trascienda los límites de la mirada eurocéntrica y de Norteamérica, del inglés y del francés, del canon al empleo.

El objetivo final es decidir cuáles fueron los 42 mejores documentales que se publicaron en dos mil dieciocho. Y retribuir con treinta dólares estadounidenses al mejor representante en dos mil dieciocho del oficio más viejo del planeta (las noticias circularon ya antes que el dinero). El ganador y los finalistas se anunciarán el treinta y uno de agosto en Berna, en el marco de un enorme festival de la no ficción con decenas y decenas de actividades gratis, con voluntad de situar en el mapamundi a la urbe suiza.

Cuando la pirotecnia no sea más que cenizas, va a quedar de todo el proceso de selección un documento valiosísimo, la primordial lección del año sin premio Nobel de literatura. Esa antología verdaderamente polifónica y representativa del mejor periodismo internacional no va a ser el resultado de las conversaciones y negociaciones de una elite académica o bien nacional, sino más bien de un procedimiento de trabajo de curaduría múltiple, horizontal y poliglota, el único válido para decidir cuál podría ser cualquier canon del siglo veintiuno.

Lamentablemente la Academia Sueca y la Fundación Nobel van a otorgar este año el distinción sin atender al modelo verdaderamente alternativo que plantea Reportagen. No en balde las dos instituciones norteñas están de manera estrecha relacionadas con la monarquía, cuya naturaleza le impide ser verdaderamente parlamentaria. En dos mil diecinueve va a haber -en verdad- 2 premios Nobel de literatura, a fin de que uno cubra la ausencia del año pasado.

De modo que se desperdiciarán 2 oportunidades: la de amoldar los protocolos de la selección a los nuevos tiempos y la de rememorar con un locuaz y ejemplar vacío el año de la vileza.

Copyright dos mil diecinueve New York Times News Service

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