El rescate del Antartic y el reconomiento al vicealmirante Julián Irizar

En la tarde del dos de diciembre de mil novecientos tres, el puerto de la ciudad de Buenos Aires fue escenario del recibimiento brindado a los marinos argentinos que salvaron al sabio sueco Otto Nordenskjöld y su gente. La ciudadanía toda fue a percibir a sus marinos que habían conseguido tal empresa, reconocida en el mundo entero. De este modo la República Argentina ocupaba un sitio en el concierto de las naciones, por voluntad de sus habitantes.

La expedición de Nordenskjöld tuvo un final inopinado cuando su navío, el Antartic, fue aprisionado y después hundido por los hielos antárticos. Al no tenerse noticias de los exploradores, entre aquéllos que se hallaba el marino argentino alférez Sobral, se lanzaron 2 operaciones de rescate, una por la parte de Suecia y otra francesa.

Argentina se sumó al salvamento con la corbeta Uruguay, navío perteneciente a la escuadra adquirida por el presidente Domingo Faustino Sarmiento, que tenía prácticamente treinta años de servicios a la nación. Fue escogido para el comando del navío el entonces teniente de barco Julián Irizar, nacido el siete de enero de mil ochocientos sesenta y nueve en Capilla del Señor, quien ingresó a la Escuela Naval Militar en mil ochocientos ochenta y cuatro. Fue una parte de la dotación de adquiere de la Fragata Presidente Sarmiento y su primer oficial de derrota.

Luego del rescate, Nordenskjöld, al volver a su país, expresó conmovido al despedirse: “No voy a olvidar al pabellón azul y blanco, que fue el primero en procurarnos en la hora de sofocación”.

Irizar siguió su carrera en la Armada. A lo largo de la Primera Guerra Mundial se desempeñó como jefe de la Comisión Naval Argentina en Europa. En mil novecientos veintiuno, como contraalmirante, aceptó el comando de la Primera División de la Escuadra de Mar.

En mil novecientos veintitres inspeccionó la modernización en USA de los acorazados Rivadavia y Moreno.

En mil novecientos treinta y dos, ya ascendido a vicealmirante, fue nombrado prefecto marítimo nacional, su última actividad en la Armada Argentina. Pasó a retiro después de prácticamente cincuenta años de servicio.

Falleció el diecisiete de marzo de mil novecientos treinta y cinco, a los sesenta y seis años. Este refulgente marino argentino legó páginas de heroísmo y lauros a su nación, con base en su trabajo incesante y progresivo anhelo de superación. Vivió en una temporada de importantes cambios tecnológicos y supo sostenerse actualizado, brindando de este modo grandes servicios a su país.

Valen para aquilatar los logros de este marino las palabras del rey de Suecia al presidente argentino como contestación al mensaje en el que Roca le notificaba del rescate de sus súbditos.

“A su excelencia Julio A. Roca, Presidente de la República Argentina. Desee admitir mis agradecimientos más expresivos por la buena nueva. Yo rindo homenaje a los sacrificios enérgicos de vuestro gobierno, al que debemos la liberación de nuestros compatriotas. La nación sueca participa conmigo de su honesto reconocimiento cara el valiente capitán de la Uruguay y su tripulación”. Oscar II.

Su navío, la corbeta Uruguay, descansa de sus fatigas en aguas del puerto de la ciudad de Buenos Aires, oficiando de navío museo y el rompehielos de la Armada Argentina lleva su nombre en justo homenaje a su obra.

El autor es capitán de barco. Jefe del Departamento Estudios Históricos Navales.

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