Por Juan Pablo Gómez 

Recorte de Jorge Cárdenas cayendo
Recorte de Jorge Cárdenas cayendo

La foto de Jorge Cárdenas desangrándose en las escalinatas del Congreso fue la primera imagen. Su cuerpo arrojado contra el mármol, el tono de sus músculos, sus miembros desorganizados y el rastro de sangre que sugiere su último recorrido en su caída fulminante. La represión acababa de empezar y esta era su carta de presentación.

En la foto de Gonzalo Martínez, tomada en la madrugada del 20 de diciembre de 2001, las piernas de Cárdenas se apoyan en el piso en una extraña torsión. Sus pies apuntan uno a cada lado, dándole al cuerpo un aspecto extraño. Como un signo de pregunta. Pero ¿qué pregunta Jorge Demetrio Cárdenas, martillero público de la localidad de Merlo que, como tantos esa noche, se había acercado a la Plaza del Congreso porque estaba harto, cansado de que le roben la vida?

En realidad todo comenzó antes. Quiero decir, en cualquier historia el comienzo es arbitrario, el origen acecha en todas partes y es nuestra tarea descubrirlo.

Todo comenzó, decía, con la compañía Terceto. Flor Montaldo, Pablo Censi y Patricio Testolín, a quienes conocía vagamente de mi pasado como acróbata, tienen un trío acrobático y me llaman para mostrarme un material que tenían entre manos «alrededor del 2001». ¿Un espectáculo que a través de la técnica circense y el movimiento, hablaba sobre la última gran crisis económico-social argentina? Una idea así tenía todas las chances de ser un fracaso artístico. Eso sólo ya, empezaba a entusiasmarme. Luego, al conocerlos y ver su forma de trabajar, su altísimo nivel acrobático y su entusiasmo, demoré dos minutos en aceptar la propuesta de dirigirlos. Soy absolutamente permeable al entusiasmo ajeno. Frente a eso, no tengo defensas.

Usando el material de base que la compañía Terceto había desarrollado, aplicamos un procedimiento técnico, alejado de toda idea de «inspiración». Les pedí que hicieran un «despiezo» de cada truco circense, de cada «agarre». Que estalláramos en mil pedazos todo lo que estaba unido para encontrar, en medio de ese caos, otras formas de moverse, otras respiraciones. En aquel momento nos pareció un acercamiento congruente con nuestro tema: romper todo, hacer entrar en crisis nuestras frágiles certezas y a partir de los fragmentos de las verdades pasadas, reconstruir nuestro relato. Estallido, quiebra, caída y fuga son los movimientos de una sinfonía a la que Argentina nos tiene acostumbrados. ¿Qué hacer ahora con todo eso?

Las preguntas volvían de nuevo: ¿puede el movimiento narrar la Historia? ¿Qué aspectos de esa Historia resuenan, todavía, en nosotros? ¿Cómo contar, desde el cuerpo mismo, una tragedia tan grande e íntima a la vez? Esos cuerpos, sabíamos, eran la encrucijada entre lo íntimo y lo público, el campo donde se define qué es «mío» y qué es «nuestro».

Con la imprescindible ayuda de Martina Kogan, bruja que mezcla la danza y la acrobacia en inquietantes pócimas, comenzamos a recoger esos pedazos y en nuestras cavilaciones, tropezamos con el cuerpo caído de Cárdenas. Ese cuerpo abandonado, mordido por la rueda dentada de la violencia estatal era la síntesis de todo lo que queríamos, y no lográbamos, decir. Su imagen nos ofrecía un punto de partida físico concreto. Nos conducía a explorar un cuerpo caído, entregado a la gravedad, sin tono muscular en oposición al cuerpo acrobático, lanzado a la altura, sostenido en un delicado equilibrio entre el espacio y el suelo.

Juan Pablo Gómez
Juan Pablo Gómez

Habíamos llegado al origen y al comienzo de este texto. Lo demás fue andar. Y como dije antes sobre no tener defensas ante el entusiasmo ajeno, se sumó Fer Toth, el rey del entusiasmo. Músico y antropólogo de profesión, especie de científico loco del sonido que urdió una plataforma noventosa e inventó para nosotros un nuevo género: la música erudita bailable.

Junto con él llegaron sus secuaces, los Pariguayo, colectivo multimedia que se subió al carro durante una congelada residencia en Chela (Centro de experimentación y producción artística). Allí, en el Laboratorio de Interactividad Corporal organizado por REMAP, departamento de tecnología y performance de la UCLA, Recorte de Jorge Cárdenas tomó su forma definitiva.

Fabian Sguiglia, programador y músico, junto a Paula Coton, artista visual y reina de las proyecciones crearon un espacio reactivo, una máquina visual y sonora que profundizó y amplificó la dimensión afectiva y sensorial de la performance. Esta búsqueda, esta invocación de Cárdenas y las resonancias de aquel estallido en nosotros no fue, entonces, un viaje introspectivo. Todo el mundo metió mano y llevamos marcadas las huellas de todas ellas. Las manos de Bárbara Alonso, exquisita bailarina y amiga que nos acompañó durante gran parte del camino; las de Adriana Pegueroles que trabajó años con el Cirque du Soleil y a quien no se le cayó ni un anillo por aconsejar y hasta barrer la sala de ensayo durante un laboratorio organizado por Prodanza. Las de Juan Ciovini, increíble percusionista que conocimos en el subte y que marcó el rumbo bailable, el toque que ahora continúa Lucas Trosman.

En realidad, que esta cantidad de personas se hayan unido para invocar a una sola, no es extraño. Hace falta una sola mano para empuñar un arma pero muchos brazos para sostener a un solo hombre que cae. Para conjurar esa caída y vislumbrar la posibilidad de construir colectivamente la memoria de aquellos hechos.

El destino de Cárdenas es, finalmente, tristemente argentino. Fue baleado dos veces, una en la ingle con un balazo que le perforó la arteria femoral y otra en la pierna, de donde le sacaron un proyectil de 9 milímetros. Sin embargo, para la Justicia, Cárdenas, que no murió ese día, sino siete meses después, murió porque «era un hombre enfermo que tenía diabetes» y no por las heridas del 20 de diciembre de 2001. El informe que recibió el juzgado, señaló que su cuerpo, que fue exhumado, «no tenía ningún proyectil de bala». Su hija contó luego a la prensa que Jorge no era diabético sino asmático, y dijo que «la bala que le sacaron en el hospital desapareció misteriosamente». Contra esas y otras desapariciones, va también éste, nuestro homenaje.

*Recorte de Jorge Cárdenas cayendo
Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378
Funciones sábados de junio y julio a las 23 hs
http://www.alternativateatral.com/index.php$400

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