El Proyecto Mercury, la respuesta de Estados Unidos al impactante lanzamiento del Sputnik (NASA)
El Proyecto Mercury, la respuesta de Estados Unidos al impactante lanzamiento del Sputnik (NASA)

La Guerra Fría tuvo múltiples contiendas en los más diversos campos. Cada ocasión en que la Unión Soviética y Estados Unidos quedaban enfrentados se entablaba una lucha sin tregua que ocupaba un gran centimil en los diarios y que podía traer consecuencias militares, económicas, políticos, sociales o propagandísticas (generalmente estas consecuencias eran acumulativas y no excluyentes).

Los soviéticos durante los 50 y los 60 aventajaban a sus enemigos en, al menos, dos terrenos específicos: el ajedrez y la carrera espacial. Bobby Fischer y el Apollo 11 cambiarían radicalmente las cosas.

¿Quién bautiza un proceso histórico? No siempre se sabe. A veces se trata de un hallazgo lingüístico de un periodista, en una columna perdida, que otros colegas van repitiendo sin darle los méritos necesarios a su creador. Para conseguirlo son imprescindibles poder de síntesis y facilidad para el impacto. No más de dos términos contundentes, que resuman una situación y que al ser escuchados dibujen un mundo propio. Quién bautizó esa alocada contienda entre norteamericanos y soviéticos por conquistar el espacio a lo largo de casi dos décadas con el nombre de Carrera Espacial era un genio de la elipsis. Ambos países competían, trataban de llegar antes que el otro. E iban corriendo el objetivo que en un momento era tan grande e importante que parecía inalcanzable: llegar a la luna.

El Programa Mercury fue el primero de los Estados Unidos en llevar tripulación al espacio (NASA)
El Programa Mercury fue el primero de los Estados Unidos en llevar tripulación al espacio (NASA)

La Unión soviética lideró con holgura esta carrera un largo tiempo. Estados Unidos siempre iba detrás. El Sputnik, Laika, Yuri Gagarin, Valentina Tereshkova. La primera nave espacial, el primer ser vivo, el primer astronauta, la primera astronauta. Todos los vuelos pioneros era soviéticos.

A los norteamericanos sólo les quedaba acercarse vía la emulación. Llegaban, por lo general, al mismo lugar que los rusos pero con varios meses de retraso.

Los Siete de Mercury: Alan Shephard, Gus Grissom y Gordon Cooper, Walter Schirra, Deke Slayton, John Glenn y Scott Carpenter (NASA)
Los Siete de Mercury: Alan Shephard, Gus Grissom y Gordon Cooper, Walter Schirra, Deke Slayton, John Glenn y Scott Carpenter (NASA)

En pocos años quedaron claras las ventajas de dominar el espacio en esos primeros tiempos. Comunicaciones, inteligencia (un bien muy preciado de la época: la posibilidad de espiar al otro) y la sensación de superioridad sobre el enemigo. Todavía no se conocía cuál era la implicancia de dominar el espacio. Ese desconocimiento conseguía que lo temores a la derrota se agigantaran: tal vez quien conquistaba el espacio exterior tenía la Guerra Fría ganada. El otro impacto psicológico era que los soviéticos lograban superar a los norteamericanos en un rubro en el que se suponía nunca tendrían preeminencia: la tecnología.

La NASA ejecutó tres programas distintos en esos años. El Mercury, el Gemini y el Apolo, el que finalmente lograría conquistar la luna.

El Mercury fue la respuesta de Estados Unidos al impactante lanzamiento del Sputnik (NASA)
El Mercury fue la respuesta de Estados Unidos al impactante lanzamiento del Sputnik (NASA)

Cuando el futuro era negro para los Estados Unidos, cuando parecía que la brecha con la URSS. sería insalvable, el presidente John Kennedy intentó insuflar de ánimo y optimismo a la población y afirmó que «a fines de la década del sesenta llegaremos a Luna». Parecía una bravuconada, una profecía irresponsable. La investigación científica y tecnológica estaban en estado embrionario. Parecía imposible que en menos de diez años se consiguiera.

El primer paso fue la puesta en marcha del Proyecto Mercury, la respuesta de Estados Unidos al impactante lanzamiento del Sputnik.  Pero esos primeros pasos fueron experimentales. Los científicos debían resolver una serie de problemas que a primera vista parecían irresolubles. Debían lograr que la nave soportara la aceleración brusca, las temperaturas extremas, el reingreso a la atmósfera, la radiación de los recientemente descubiertos Anillos de Van Allen, entre otros desafíos técnicos. En un principio esos vuelos fueron no tripulados, con un maniquí o un chimpancé a bordo. Luego llegaría el tiempo de los astronautas.

Los hombres elegidos para integrar las misiones debieron superar duras pruebas. Primero fueron llamados los 110 mejores pilotos militares del país. Luego de una criba brutal sólo quedaron 7 (NASA)
Los hombres elegidos para integrar las misiones debieron superar duras pruebas. Primero fueron llamados los 110 mejores pilotos militares del país. Luego de una criba brutal sólo quedaron 7 (NASA)

Los hombres elegidos para integrar las misiones debieron superar duras pruebas. Primero fueron llamados los 110 mejores pilotos militares del país. Luego de una criba brutal sólo quedaron 7. Los primeros 7 astronautas. Un grupo selecto, especie de superhéroes para la opinión pública, que rápidamente fueron identificados como los Mercury 7.

Scott Carpenter, Gordon Cooper, John Glenn, Gus Grissom, Wally Schirra, Alan Shepard y Deke Slayton. Se convirtieron en celebridades. John Glenn al ser el primero en completar un viaje orbital fue el de mayor conocimiento público. Había sido condecorado en la Segunda Guerra Mundial, a su regreso del viaje orbital recibió un recibimiento callejero masivo, luego fue senador casi un cuarto de siglo y en 1998, a los 77 años, volvió al espacio exterior en el Discovery convirtiéndose en el astronauta más longevo de la historia. Murió en 2016 con 95 años.

El Proyecto Mercury fue el primer paso de los norteamericanos en su largo camino por llegar a la Luna.

Sin embargo, tal vez una de las historias más interesantes relacionadas con el Proyecto Mercury sea la de un subproyecto no oficial y que se truncó casi antes de su inicio.

El doctor Randy Lovelace era el encargado de diseñar y ejecutar las pruebas de capacidad física y psicológica que debían atravesar quienes deseaban ser astronautas. Los tests eran implacables, complejos y nada usuales para su tiempo.

En 1960 decidió estudiar en su clínica privada a Jerrie Cobb, una piloto de 30 años que se encontraba entre las mejores de su país. Los resultados de Cobb fueron sorprendentes. En muchos de los rubros superiores a los de los hombres.

En 1960 el doctor Lovelace decidió estudiar en su clínica privada a Jerrie Cobb, una piloto de 30 años que se encontraba entre las mejores de su país. Los resultados de Cobb fueron sorprendentes. En muchos de los rubros superiores a los de los hombres (NASA)
En 1960 el doctor Lovelace decidió estudiar en su clínica privada a Jerrie Cobb, una piloto de 30 años que se encontraba entre las mejores de su país. Los resultados de Cobb fueron sorprendentes. En muchos de los rubros superiores a los de los hombres (NASA)

Lovelace no sabía si eso se trataba de que Cobb ostentara cualidades excepcionales o si otras mujeres también podían alcanzar esos rendimientos físicos y psíquicos. Así convocó a más de una veintena de jóvenes mujeres que piloteaban aviones. Todas concurrieron a la cita. Y se agregó una más, una leyenda de la aviación, contemporánea de ese mito moderno que era Amelia Earhart. A pesar de tener más de 50, Jacqueline Cochran se consideraba una de las principales candidatas. Entre otros logros aeronáuticos, ella había sido la única mujer en vencer la barrera del sonido. Cochran tenía fama, prestigio y muchísimo dinero. Su matrimonio con el millonario Floyd Oldum además le proporcionaba formidables contactos políticos.

El doctor Randy Lovelace era el encargado de diseñar y ejecutar las pruebas de capacidad física y psicológica que debían atravesar quienes deseaban ser astronautas. Los tests eran implacables, complejos y nada usuales para su tiempo. (NASA)
El doctor Randy Lovelace era el encargado de diseñar y ejecutar las pruebas de capacidad física y psicológica que debían atravesar quienes deseaban ser astronautas. Los tests eran implacables, complejos y nada usuales para su tiempo. (NASA)

Las candidatas fueron desfilando (de a una, sin cruzarse entre sí) por la clínica del doctor Lovelace. Habían reclutado un dream team de aviadoras por todo el país. Las mejores mujeres arriba de un avión se hicieron los estudios. Ese era el primer paso. Luego vendría otra tanda de pruebas de aptitud y por último un entrenamiento específico en Pensacola. Se suponía que de ese proceso de selección, capacitación y entrenamiento saldrían las primeras astronautas.

Una vez finalizada la primera etapa sólo quedaron 13 mujeres, la más aptas. Cochran fue descartada, por su edad no pudo superar las exigentes pruebas. En la segunda serie se sometió a las mujeres a ejercicios de aislamiento y resistencia. Varias batieron los récords impuestos por los hombres.

A pesar de tener más de 50, Jacqueline Cochran se consideraba una de las principales candidatas. Entre otros logros aeronáuticos, ella había sido la única mujer en vencer la barrera del sonido. No pudo superar la exigente pruebas de selección (Wikipedia)
A pesar de tener más de 50, Jacqueline Cochran se consideraba una de las principales candidatas. Entre otros logros aeronáuticos, ella había sido la única mujer en vencer la barrera del sonido. No pudo superar la exigente pruebas de selección (Wikipedia)

Pero muy pocas horas antes del inicio de la última parte, las mujeres fueron desafectadas. La NASA no estaba interesada en esta cuestión. Para la NASA quienes viajaban al espacio sólo podían ser hombres.

En este punto aparecen brumas en esta historia. ¿Es posible que Lovelace se animara a una maniobra de esta magnitud por cuenta propia, sin contar con apoyo oficial? ¿Pondría en juego su prestigio, posición e influencia sin tener ningún respaldo? Parece imposible que así fuera aunque los historiadores no suelen prestar atención a este hecho. La NASA desestimó a las candidatas, no le reconoció entidad alguna a la selección de las 13 mujeres. La respuesta oficial fue que sólo podían ser astronautas quienes tuvieran experiencia piloteando jets militares. Eso para ellas era imposible: estaba prohibido por ley que una mujer lo hiciera.

Inicialmente el programa que abarcaba a las mujeres se llamaba Programa de Mujeres en el Espacio (o Programa de entrenamiento de las primeras astronautas). Pero luego fueron conocidas como las Mercury 13. La historia se encargó de lo que las autoridades de su época les impidieron: las reconoció como parte de ese programa pionero de la exploración espacial.

La NASA desestimó a las candidatas, no le reconoció entidad alguna a la selección de las 13 mujeres. La respuesta oficial fue que sólo podían ser astronautas quienes tuvieran experiencia piloteando jets militares. Eso para ellas era imposible: estaba prohibido por ley que una mujer lo hiciera. (NASA)
La NASA desestimó a las candidatas, no le reconoció entidad alguna a la selección de las 13 mujeres. La respuesta oficial fue que sólo podían ser astronautas quienes tuvieran experiencia piloteando jets militares. Eso para ellas era imposible: estaba prohibido por ley que una mujer lo hiciera. (NASA)

Los motivos que aducían quienes clamaban por la incorporación de mujeres eran varios. Por un lado la igualdad de oportunidades (no eran la mayoría quienes esgrimían este, el más lógico y razonable de los argumentos). Por otro, la estructura corporal: más bajas y más pequeñas se adaptaban mejor a los mínimos módulos espaciales, y por último uno de los argumentos que esgrimió Lovelace, que convencido de que en pocas décadas se instalarían bases permanentes en la Luna o en la órbita, insistía que allí se necesitarían mujeres que oficiaran de secretarias, hicieran de enfermeras y se encargaran del papeleo y de cuestiones domésticas.

Cuando la NASA negó el programa y dio de baja los últimos tests, las 13 mujeres no se resignaron y decidieron seguir peleando.

Llegaron hasta el Congreso que en audiencias especiales decidió investigar si se estaba ante un caso de discriminación.

La representación la asumieron Jerrie Cobb y Janey Hart, bellas, decididas, capaces y articuladas, defendieron su proyecto, su sueño. Respondieron cada pregunta con solvencia y gracia.

Parte de las Mercury 13 durante las pruebas para ir al espacio
Parte de las Mercury 13 durante las pruebas para ir al espacio

Hart era madre de 8 hijos y la pregunta sobre esa situación siempre sonaba acusatoria. Ella, según la ocasión, elegía el sarcasmo o la respuesta paciente. Al primer congresista que sacó el tema, no lo dejó terminar. Lo interrumpió con un oportuno: «Si usted tuviera 8 hijos también quisiera estar en la Luna». La sala se inundó de carcajadas. Pero Janey luego se extendió: «No sólo tuve 8 hijos. También los crié. Y aún así también logré tener más de 2000 horas de vuelo, y ayudar a mi marido en sus campañas políticas. Usé bien mi tiempo, mientras crié a mis hijos, sin sacrificar mi vida familiar».

Luego, Jerrie Cobb leyó una declaración contundente. Recordó que menos de 100 años atrás no se aceptaban mujeres en los hospitales, no se las consideraba capaces de soportar el dolor y que cuando empezaron a ser aceptadas como enfermeras se elegía a mujeres que para los cánones de su tiempo eran feas: esas estaban más predispuestas, decían. Cobb les recordó a todos que el espacio exterior no era un club de hombres. Y que ahí tenían a 13 mujeres dispuestas y capaces para emprender la aventura. Los estudios científicos habían demostrado que la supuesta fragilidad física y emocional que solía asociarse con las mujeres era una superstición, una afirmación que carecía de cualquier fundamento. «Ningún país envió todavía una mujer al espacio. Ustedes tienen la oportunidad de ser los primeros. Nosotras les ofrecemos 13 voluntarias», finalizó Jerrie.

Las mujeres se sometieron a las mismas pruebas que los astronautas hombres, pero la NASA desestimó los resultados (NASA)
Las mujeres se sometieron a las mismas pruebas que los astronautas hombres, pero la NASA desestimó los resultados (NASA)

La impresión que causaron las dos mujeres se borró al día siguiente. Las comparecencias de ese día sepultaron sus ilusiones. Primero se sentó frente a los congresistas Jacqueline Cochran, ferviente impulsora del proyecto y aspirante frustrada a integrarlo. Ante la sorpresa de todos, y en especial de las aviadoras presentes, dijo que el programa no debía seguir adelante. Que eso sólo lo demoraría, que no era momento para mujeres. Desestimó toda participación femenina como imposible.

Fueron palabras lapidarias que más que por la convicción fueron dictadas por la ambición (Cochran aspiraba a dirigir un proyecto femenino en los siguientes años), por la conveniencia (con su marido tenían importantes contratos con las Fuerzas Armadas) y por la frustración (todavía no podía digerir haber quedado fuera del programa; no estaba acostumbrada a los papeles secundarios).

El golpe de gracia lo propinó John Glenn, el héroe americano. Con desdén respondió las preguntas, como si el tema no fuera serio. Le resultaba inconcebible que alguien pensara que una mujer pudiera convertirse en astronauta. Si el interrogatorio hubiera tenido un marco menos formal, las hubiera mandado a lavar los platos. «Nosotros vamos a la guerra, nos subimos a los aviones, y cuando volvemos del campo de batalla ayudamos a diseñarlos y probarlos. Las mujeres no pertenecen a este campo. ¿Alguien se imagina a una mujer comandando un jet o cualquier nave peligrosa? ¡Por Dios, no!».

A los astronautas les resultaba increíble que una mujer pudiera querer ir al espacio (NASA)
A los astronautas les resultaba increíble que una mujer pudiera querer ir al espacio (NASA)

El otro astronauta consultado ese día fue Scott Carpenter, otro de los Mercury 7. Sostuvo que en uno de los primeros viajes orbitales podrían haber enviado a una mujer… «en lugar del chimpancé», terminó su frase y provocó risas fáciles. Pasaron unos meses y el vicepresidente, Lyndon Johnsson dio la orden de que este tema no volviera a ser tratado y que el proyecto de las mujeres en el espacio se archivara.

Luego de estas declaraciones, de estas sentencias dadas por autoridades morales, los congresistas desistieron de la investigación y las 13 mujeres debieron volver a sus trabajos en la aviación civil. Pocos meses después, la Unión Soviética puso en el espacio a la primera mujer, Valentina Tereshkova. Dio 48 vueltas a la TIerra. Doble derrota para John Glenn. Una mujer dio 45 vueltas más que él.

En Estados Unidos las mujeres debieron esperar más de dos décadas. La primera mujer en integrar una tripulación espacial fue Sally Ride, una física que viajó en el Challenger en 1983.

La astronauta Eileen Collins, la primera mujer piloto de una nave espacial: comandó el Discovery (NASA) (NASA)
La astronauta Eileen Collins, la primera mujer piloto de una nave espacial: comandó el Discovery (NASA) (NASA)

Pero el gran hito debió esperar bastante más. En 1995 Eileen Collins se convirtió en la primera mujer piloto de una nave espacial de la NASA comandando el Discovery en una misión. En esa ocasión ella invitó personalmente a las sobrevivientes de las Mercury 13 y en medio de la conferencia de prensa les agradeció por su labor pionera. Reconoció que sin su ejemplo, ella no hubiera estado ahí. Les pidió que se pusieran de pie y todos los presentes saludaron a las viejas aviadoras.

Las Mercury 13 se convirtieron en leyendas. Con su coraje, habilidad y obstinación marcaron un inicio a la participación femenina en la carrera espacial. Pero en especial se enfrentaron contra la ceñida lógica de su tiempo. No triunfaron pero dejaron su huella indeleble y sirvieron como inspiración a las que las siguieron.

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