Iara Cortés tiene 24 años y una dura historia sobre sus espaldas
Iara Cortés tiene 24 años y una dura historia sobre sus espaldas

El árbitro levanta la mano de la ganadora. Se llama Iara Cortés, alias la «Talentosa», entonces 22 años y 54,800 kg. En su segunda pelea como profesional, el crédito de Villa Celina acaba de quedarse con la victoria y rompe en llanto. Iara fue campeona Metropolitana dos veces y una Nacional; además, ostenta un record de 54 peleas ganadas, 2 empatadas y 2 perdidas durante su paso por el amateurismo.

La pelea va televisada y el relator anuncia, en ese tono épico que sólo tienen los narradores de boxeo: «Ganó Iara Cortés, la emoción en su rostro porque sale de perdedora». Pero no es que Iara llore porque gana su primer combate oficial. Lo que le pesa es simplemente la vida.

El recuerdo llega vía Youtube. Aquel 23 de junio de 2017 Iara (que hoy tiene 24 años y una hija de tres y medio, Adara) había salido con un bolsito del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora dejando a su hijita internada. ¿Adónde iba? Al club El Porvenir de Quilmes, a pelear. «Había estado toda la semana en el hospital y no recibió el alta. Ella había tenido Gripe A de muy chiquita. Desde entonces, cualquier inconveniente se agravaba y terminaba en internación. Pero yo tenía que ir a pelear porque necesitaba la plata. Durante esa semana, mi deber era entrenarme de todas formas. Venía mi vieja en el horario de visitas y yo salía a correr, hacía pasadas alrededor del hospital. Y por ahí me veían entrar los médicos toda transpirada con la faja y me miraban como diciendo, ‘a esta loca qué le pasa’…».

Cualquiera podría preguntarse, cómo hizo la chica de Villa Celina para pelear con su hija internada. Pero la vida de Iara es así y las circunstancias en las que inició su carrera como boxeadora no fueron mucho más cómodas: «Debuté como profesional en Rafael Calzada. Yo me venía preparando a full y dos semanas antes se enfermó Joel, el papá de mi nena. Jamás pensamos que era algo grave», arranca. Y sigue con el peor: «Un viernes a la noche, Joel empezó con un dolor de cuello. Vamos al médico pero no aparecía una gripe, nada. Después fuimos a otro y era angina. Estuvimos en cuatro hospitales. El domingo estuvo todo el día internado en el Vélez Sarsfield porque se había brotado. El lunes decía que se sentía mejor. Yo tenía que ir a entrenar y me fui a descasar. A las tres me despierta con una crisis y a las cuatro falleció. Murió en mis brazos, fue un flash, lo peor que me podía pasar en la vida…».

“Murió en mis brazos, fue un flash, lo peor que me podía pasar en la vida”
“Murió en mis brazos, fue un flash, lo peor que me podía pasar en la vida”

— No estabas para pensar en el debut.
— Yo debutaba como profesional en dos días en Rafael Calzada. Me acuerdo que era domingo lluvioso, yo estaba re mal, y mi entrenador Carlos Castaño, me dijo que fuera a practicar pero estaba preparando a otra compañera para pelear por mí. Pero cuando me subí al ring sentí que tenía que ir. Aparte necesitaba la plata, más allá que no era mucho, unos 5000 pesos, me venía bien.

— Y fuiste.
— Fui, debuté y me la dieron por perdida. Digo que me la dieron perdida porque considero que no perdí, fue una de mis mejores peleas. Cuando dieron el fallo no lo esperaba, me fui llorando. Era increíble que me hicieran eso en la situación que yo estaba. Por eso una busca un buen promotor: sino, cuando vas de visitante te dan la pelea por perdida. Aunque ganes claramente. Ese día fue contra Diara Altamirano, me gustaría tener revancha con ella. No por un tema personal, sino por lo que significó esa pelea para mí.

— ¿Y por qué no tenés un buen promotor?
— Porque no accedo a los «favores» que te piden. Yo soy simpática y me arreglo y eso hace que en algunas ocasiones algunos promotores se hayan confundido. Cuando voy a un pesaje, yo me arreglo, me pongo linda porque ahí ya empezó el show. Pero cuando viene un promotor y se quiere pasar de listo le cortás la cara. A mí no me importa nada entonces eso te empieza a cerrar puertas. Pero les pasa a todas las chicas, no soy yo sola.

— ¿Decís que un promotor quiere estar con vos y si no lo consentís te corta el trabajo?
— Y sí. Ya me pasó mil veces. Juegan con la necesidad. Una vez, llegaba la navidad y yo no tenía un mango para festejar y quería pelear para hacer unos mangos, entonces llamé al promotor: «Dale, cerremos la pelea que necesito la plata». Y él me contestó: «Cuándo te vas a dar cuenta que tenés que estar conmigo, así vas a tener las peleas que quieras y no te va a faltar nada».

“Cuando viene un promotor y se quiere pasar de listo le cortás la cara”
“Cuando viene un promotor y se quiere pasar de listo le cortás la cara”

— ¿No lo denunciaste?
— No, es la segunda vez que lo cuento. Si denuncias, te tratan como una loca y perdés las pocas posibilidades que tenés: «No, está va a salir a inventar cosas». Pero una no inventa.

— Si no lo querés denunciar, ¿cómo hacés para evitar el acoso?
— Directamente, cuando me llaman, les aclaro las cosas de movida: «No te confundas, yo acá vengo a pelear y lo único que te ofrezco es lo que pueda hacer como boxeadora. Una llegó hasta acá boxeando, no acostándose con nadie». Tampoco quiero hablar mucho porque después te discriminan aún más.

— ¿Cuándo fue la última vez que viviste una situación así?
— Fueron varias, pasa todo el tiempo. Pero lo que te cuento fue al año y medio del fallecimiento del papá de la nena. Tengo 24 años y siento que en muy poco tiempo me pasaron muchísimas cosas. Que venga un tipo y te pida sexo por una pelea es muy fuerte. Te dan ganas de largar todo.

— ¿Renunciaste a la idea de vivir del boxeo?
— Sí, esas situaciones me demostraron que iba a tener que trabajar de otra cosa. Entonces mi tío me presentó un muchacho que hacía remeras y empecé a vender. De a poco fui creciendo y llegando más lejos y hoy tengo una distribuidora de remeras. Llevo mercadería a Entre Ríos, Santiago del Estero, Santa Fe, todo el país.

— ¿Por qué empezaste a boxear?
— Yo era muy nena, súper inocente, me encantaban los bebotes, creí en papá Noel hasta los 12 años. Hago gimnasia desde los 12 años, hacía reggaetón pero a los 15 años la acompañé a mi vieja a entrenar boxeo y me encantó. Mamá estaba embarazada de 9 meses y seguía. Yo entrené hasta las 36 semanas de embarazo.

— ¿Te vio en el ring Adara?
— Sí, me sigue siempre. Cuando me vio debutar lloraba porque era un ambiente muy feo, turbio. Tuvimos que salir corriendo porque se pudría todo. Ese día dije que no la llevaba más pero a las dos peleas vino otra vez. Tiene tres años y siete meses, me acompaña a entrenar, tira piñas, le encanta. Pero a mí no me gustaría verla boxear.

— ¿Terminás muy marcada después de cada pelea?
— Sí, soy muy blanca. A los 17 años se me rompió la nariz en un nacional en Formosa. Venía ganando y faltaba un minuto pero la formoseña era durísima, no sé qué hacía, para mí levantaba leña. Y en el último instante me mató. La gente tenía cara de espanto de la piña que me dio, pero era tanta la adrenalina y el cuerpo caliente que no sentís tanto. Ese día quedé desfigurada. Cuando me vi en el espejo del hospital se me bajó la presión, casi me desmayo.

— Tuviste una vida muy intensa.
— Si bien hoy estoy en pareja, rehaciendo mi vida, por momento me baja toda la angustia. Hasta los 19 años era muy feliz, no tenía problemas, pero después se me empezó a caer el mundo abajo: se separaron mis padres, mi viejo amenazaba con suicidarse, se murió mi pareja… y me pegó. Empecé a orinar sangre, tuve cinco internaciones, evidentemente algo andaba mal. Empecé a ver un psicólogo deportivo, cargar con una muerte encima es muy fuerte.

— Pero vos no cargás con la muerte del papá de tu hija.
— Y bueno, aunque lo acompañé al médico, siento que subestimé un poco la situación. Diez minutos antes del médico le dije, «levantante, te querés morir igual que tu mamá». Llamamos un remís, mi mamá corría de acá para allá y se murió en mis brazos. Es toda una carga que tengo que evacuar. Por eso recurrí al psicólogo.

— Sos una luchadora, nunca bajás los brazos…
— Yo boxeo por amor y sigo teniendo el sueño de ser campeona del mundo. Siento que tengo nivel para lograrlo. Soy joven, peleé con todas, le gané a chicas de Selección y salí campeona en todas las categorías que estuve. Todos los días le pido a Dios que llegue un promotor honesto que me de la oportunidad. Y bueno, alguna vez me va a ayudar.

“Que venga un tipo y te pida sexo por una pelea es fuerte”
“Que venga un tipo y te pida sexo por una pelea es fuerte”

Fotos: Gustavo Gavotti

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