Dozer, con Teleshow (Fotos y video: Lihue Althabe)

Juan Matías Varela (25 años) comenzó rapeando en los trenes, donde ya se presentaba como Dozer. Lo mismo hacía cuando cantaba en la plaza de Claypole. Necesitaba ayudar a su familia para poder comer todos los días y entendió que con su música podía lograrlo. Hijo de un taxista y una costurera, nada era fácil en su barrio. Por las noches se iba a dormir escuchando tiros en las cercanías de su casa; más de una vez terminó debajo de su cama, por temor a que una bala entre por la ventana. Antes de conciliar el sueño, leía la Biblia: quería que Dios lo ayudara en esta aventura. Y en el colegio debió lidiar con el bullying.

En sus letras no hay insultos. Dozer se define como un orgulloso cristiano, y quiere transmitir un mensaje de amor. «Yo hago rap de valores», destaca. En su canción «Estudiante del asfalto», que ya tiene más de 260.000 vistas en Youtube, Dozer habla de un futuro que no es posible sin amor y del «rap real» que quiere generar, uno que pueda ser ejemplo.

A mediados de año 2018 se consagró ante más de 6000 personas como el Campeón Argentino del Freestyle en la Batalla de Gallos más importante del país. Sus canciones llevan cientos de miles de reproducciones en YouTube, y recorren diversos géneros, como trap, rap, dancehall y reguetón, entre otros.

—Empezaste en los trenes…

—A los 19 años. Tenía que ayudar a mi mamá, y la única forma era en los trenes. Me había probado en muchos trabajos, pero siempre fui medio torpe. Ser así me hacía perder trabajos, y me iba frustrando. Y dije: «Bueno, ya está, me voy a rapear a los trenes». Me daba vergüenza porque yo siempre pensaba que el que estaba en los trenes pedía, pero después me fui acostumbrando.

Dozer, el rapero que reza antes de cada presentación y no usa malas palabras
Dozer, el rapero que reza antes de cada presentación y no usa malas palabras

—¿Cuántas horas pasabas en los trenes?

—Cinco horas, todos los días. Y ganaba bastante bien. Volvía a casa y no quería rapear, no quería hablar con nadie más. Pero con eso pagaba mi alquiler, mi ropa, todo.

Dozer, rapeando

—¿Te imaginabas que ibas a llegar tan lejos?

—Yo ya estaba feliz porque estaba viviendo de lo que me gusta. Y lo estaba haciendo bien. Uno siempre anda con el miedo de qué va a pasar con su futuro, porque con la música vos no sabés cómo te puede ir el día de mañana.  En los trenes me pasaba algo parecido. Como que yo estaba rapeando y todo eso, decía: «¿Estaré siempre acá?». Los trenes fueron mi práctica. Y estaba feliz igual; o sea, amaba lo que hacía. 

—¿Pero te frustrabas?

—Sí. Había días que no quería saber nada, me volvía a casa llorando de los trenes. Decía: «Quiero algo nuevo, ya no quiero de repente llegar a los trenes y sentirme una molestia». Pero volvía igual. Porque está bien, capaz la alegraba a la gente pero también había otra gente a la que no le gustaba nada, entonces me miraba: y a veces la mirada dice mucho.  En ese momento me acuerdo que no me cuidaba la apariencia y tampoco quería, era como que estaba enojado en contra de todo lo que es la apariencia. Una lucha medio tonta, entendí después. Pero en ese momento me vestía así.

—¿Cómo te vestías?

—Con ropa toda dejada, no la lavaba. Pelo sucio. No, vos me veías y no me reconocías… Ahora vos me ves y es como que más o menos puedo charlar, pero en ese momento era como que era un pibe de la calle. Y yo sabía que podía estar mejor pero no quería, por la frustración también. Pero después entendí que todo lo de adentro sale para afuera. Entonces dije: «Quiero auto superarme, quiero quererme a mí mismo».

—¿Tu familia qué te decía?

—A mi mamá la sorprendía: cuando veía que yo venía de los trenes y ganaba el doble que ella como costurera, me felicitaba. Siempre fui un desastre con la plata; ahora estoy aprendiendo a madurar mucho ya con la plata. Pero cuando en ese momento yo llegaba de los trenes, decía: «Má, no sabés, hice un montón de plata». Y compraba pizza, compraba todo, le daba todo, porque quise darle todo lo que no le pude dar antes…

—Dejaste el colegio.

—El último año de secundario no lo terminé. Pero algo que clave es que mi mamá nunca me tiró abajo, no me dijo: «No hagas esto, andá por este camino», sino que siempre me dijo: «Andá y hacé lo que te gusta». Porque antes de salir de los trenes tuve una conversación con ella que para mí fue clave: «Má, me siento un fracasado, no hago nada, tengo sueños, cosas, pero no sé si me va a servir esto, y ya tengo 19 años»Y bueno, ahí me fui con un parlantito chiquitito hasta Capital. En el viaje de ida hice 250 pesos, que en ese momento era bastante. Yo estaba re emocionado, y volví de rapeando con toda la emoción, con 500 pesos. Ese día yo me había despedido de mi mamá y no teníamos para comprar una gaseosa, porque teníamos ganas de tomar gaseosa y no; y cuando volví, llegué con una gaseosa y con un montón de cosas así, y todo para compartir con ella. Eso me marcó un montón.

—¿Cuándo creés que pegaste el salto?

—Después de ganar la Red Bull. Ahí fue cuando cambió todo. Fue todo el esfuerzo, todo lo que pasó, toda la gente que encaré, todo, explotó ahí. Me escribía gente que me veía rapeando en los trenes, gente de mi infancia. Decían: «No lo puedo creer». Mensajes por todos lados. La verdad que me re sorprendió, me llamaron de todos lados… 

—Gente que antes quizás ni te saludaba, ni te miraba..

—Sí, sí. Sé quiénes son los que no me saludaban nunca y después me empezaron a saludar, me empezaron a tratar como un campeón. Y sé quiénes me trataban como un campeón antes que saliera campeón. Igual, jamás guardé rencor ni nada porque guardar rencores es atarte a vos mismo, y por mi bien, perdono todo. Porque esas cosas a veces hieren, viste, pero si se tienen en cuenta. 

—¿Sufriste bullying alguna vez?

—Sí, yo creo que hay un montón de chicos que pasaron lo que yo pasé. Crecí con una autoestima re baja por todas las cosas que me decían. Por ejemplo, mi papá viene de Tucumán, y él tiene la forma de la carita de los norteños, más redondita, más morochitos. Es una pavada, ¿no? Pero en el barrio donde vivía se juzgaba mucho eso, si vos sos así, te bardean. A mí me decían boliviano, paraguayo, como si fueran insultos. Me comía todo el prejuicio, y era normal para ellos. Tuve que canalizar eso y superarlo a través del rap.

—¿Lo superaste con el rap?

—Sí, sí, lo superé bastante. Cuando conocí a mi esposa… no voy a decir que era el desafío de mi vida, pero cuando yo la conocí dije: «No, increíble». Soñé con ella. Porque si volviera al pasado, jamás hubiera pensado que ahora iba a tener una esposa así. 

—¿Qué pensabas en ese momento?

—Los chicos me hacían creer como que yo jamás iba a lograr algo como por… «Vos no podés lograr nada, mirá tu apariencia, ¿qué querés lograr vos?, ¿quién te va a tener en cuenta?». Y hoy en día vivir la realidad que vivo, estar con la persona con la que estoy y formar la familia que quiero formar, es más de lo que yo soñé. Sé que hay un montón de chicos que están pasando eso, y sé que mi misión es decirles que se puede. 

«Estudiante del asfalto», de Dozer

—¿Cómo levantaste tu autoestima?

—Un montón de veces me dijeron: «¡Creetela!». Y yo creo que es un buen consejo, porque si vos querés cumplir algo nunca te rindas, en lo que sea que hagas. Siempre soñé con estar en un escenario y ser ejemplo para miles de jóvenes. Pero, ¿por dónde empiezo? Bueno, por los trenes. Una persona vale la pena, hablarle a una persona y encararla, sea conocida o no, porque una persona suma, otra persona suma, otra persona… Y va a llegar un punto en que nunca te rendiste y todo eso va a explotar, como pasó que explotó conmigo en la Red Bull. Y después, se acuerdan: «Yo soy ese pibe que te veía en un tren y ahora te veo en el escenario».

—¿Que mensaje les das a los chicos que te siguen?

—Nunca te rindas. A veces los que estaban en los trenes, los que vendían o los que estaban ahí, que llegaban antes que yo, no les gustaba el rap o lo que yo hacía, entonces, me querían sacar a las piñas. Y es re feo ir sabiendo que te pueden pegar, como que no te dan ganas de trabajar feliz, de sacar una sonrisa. Hay un montón de cosas que podría contar que viví también en los trenes. Pero lo bueno es nunca perder la esencia, lo que vos querés, y yo nunca perdí los valores. Por ejemplo, me han sugerido: «Cuando estés en la final, mandá un insulto, y como todos te conocen, si vos insultás la gritan todos, seguro». Y no, no dije ningún insulto. Y para mí fue mejor porque logré lo que yo quería sin venderme.

—Cuando recordás tus inicios, ¿qué te genera?

—A veces ya no sabés qué pensar, viví tantas cosas que decís: «¡Qué loco!». Una vez que estaba viajando en el tren, en el rojo que iba para Munro. Ese pasa cerca del aeropuerto y veía el avión al lado. «Huy, qué buena onda», pensaba. Y nada, me quedé con eso. Y ahora yo, que me la pasé en los trenes, me la paso en los aviones. Es una locura, ¿entendés? También soy muy cuidadoso cuando lo digo porque la gente dice: «Huy, el sueño es el avión». No, no es el avión; digo que el avión es lindo. Pero es una locura.  

—¿Cómo era el barrio donde vivías?

—Don Orione. Siempre se escuchaban tiros atrás de casa, todas las noches. Y a veces se escuchaban muy cerca. Vivíamos en un primer piso y mamá nos decía que nos vayamos todos abajo, que nos tiremos al piso. Era un bajón vivir ahí… 

—¿De qué se trata tu campaña con UNICEF?

—Estoy contento por los chicos que van a participar porque esto no se hizo en ningún lado. Y sé que habrá muchos chicos interesados por subir su video, por compartir su rap, porque va a ser algo diferente por el mensaje, especialmente.

—¿Cómo te llega la propuesta?

—Me contactaron de UNICEF porque influyó mucho mi forma de vida. Mucha gente sabe que soy el actual campeón de la Batalla de los Gallos, y no solo ese título me dio el mérito, sino que el mérito fue poder ganar una competencia de rap sin insultar, y promoviendo buenos valores. Y también es lo que UNICEF busca: referencias para los jóvenes que hoy en día necesitan saber las cosas malas que están pasando, o hacer también pensar más a los jóvenes que hacen rap, que hacen trap. 

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